Construimos muros de escollera con bloques de piedra de gran tamaño para contener taludes, proteger terrenos frente a corrimientos y estabilizar laderas en toda Andalucía. Una solución duradera, sin mantenimiento y que se integra perfectamente en el entorno.
Cuando se excava o se rebaja una ladera para preparar una finca, abrir un acceso o construir una balsa, la pared de tierra que queda aguanta bien hasta las primeras lluvias serias. A partir de ahí empieza a desprenderse, y si no se contiene a tiempo termina afectando al camino de abajo, al terreno del vecino o a las tuberías que pasen por allí. Un muro de escollera resuelve ese problema de manera permanente, sin mantenimiento ni revisiones año a año.
Frente a un muro de hormigón, la escollera tiene una ventaja sencilla: deja pasar el agua entre los bloques. El agua no se queda acumulada detrás empujando contra la pared, que es lo que termina abriendo grietas y volcando los muros de hormigón con los años.
Todo empieza en la cantera. Seleccionamos bloques de piedra caliza o basáltica de distinto volumen según la altura del muro y la carga que tiene que soportar. No usamos piedra partida ni rellenos: cada bloque se coloca de forma que trabe con los de alrededor y transfiera el peso hacia la base sin crear puntos débiles.
Antes de colocar las piedras, preparamos el trasdós: una capa de geotextil no tejido que actúa como filtro entre la tierra y el muro, seguida de grava gruesa que permite la salida libre del agua. Sin esta capa, la tierra se colaría entre las piedras con las lluvias y el muro perdería estabilidad con el tiempo.
Las piedras se colocan con retroexcavadora, hilada a hilada, con una inclinación hacia el terreno de al menos un 10%. Esa pendiente hacia atrás es la que mantiene el centro de gravedad del muro dentro de su base y evita que vuelque con el paso de los años.
En zonas de ribera o con riesgo de crecidas, aumentamos el tamaño de los bloques en la base y ajustamos el ancho del muro a la energía del agua prevista. El resultado es una obra que se integra en el paisaje, no necesita mantenimiento y dura décadas sin perder capacidad estructural.
Un técnico de ECTRO analizará la ubicación, los volúmenes en metros cuadrados de lámina plástica de alta tracción necesarios y entregará una valoración técnica cerrada.